
Con la mirada enternecida de tanta tristeza quiso huir, de aquella escena que acaba de vivir.
Desolada sin rumbo comprendió que debía desistir, pues aquella abeja de otra miel quería sentir.
Que en su paladar se envenene el dulce sabor del sin sabor, que si piel se revuelva y pierda su color, que a pesar de todo eso, ya la seguiré esperando junto a mi pequeño corazón, que se abra el cielo y que se regocijen de amor, no hay nada más bello que tu sonrisa iluminando mi vagón.
Fría y tenue oscuridad, que de relámpagos se escuchan sin cantar, trato de no mirar atrás, pero me atosiga ese amor sin igual, malditas flores que intentan brillar y atraen a mi amada abejita y hacen que olvide su panal, pero alimentante de las otras, que todo poco me importa ya, si decidiste volar, hazlo lejos, para no volverme a embriagar con tu dulce aroma, con el cual me encandilas al pasar.
Tanto amor derrochado en un rincón, que de solapada mi vida sin ti mi eterno amor, pues dejaré de tomar sol y me secaré con mi corazón, pues me veo mejor como un adorno, que como una espina clavada en tu razón…
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